sábado, 14 de abril de 2018

RECOMENDACIÓN. "GRANDES JUICIOS DE LA HISTORIA", JOSÉ ANTONIO VÁZQUEZ TAÍN




La justicia se administra por y para los hombres. Los jueces son seres humanos con sus virtudes defectos, se forman en una sociedad y una cultura, por lo que están condicionados por estas hasta el punto de que lo que unas civilizaciones entienden como Derecho otras lo ven como aberración

Incluso el Magistrado más culto y prudente, en una aplicación exacta de las Leyes de su tiempo, pudo haber dictado una Sentencia que nos resulte difícil de aceptar, ya que su mentalidad y sus conocimientos pueden distar mucho de los nuestros.

En el Israel del siglo I, la situación de sumisión a un Imperio pagano, con el nivel de desesperanza que esto implicaba, con la corrupción generalizada de sus gobernantes y con la pobreza endémica de la región, hacía que el respeto a las Leyes viniese impuesto por los dirigentes religiosos, muchas veces, eso sí, secundado por los creyentes más convencidos

El castigo mediante lapidación no era infrecuente, y en él participaba la comunidad en pleno, en una catarsis de defensa de Dios

El miedo imponía en los humildes el respeto a la Ley, y la conveniencia, en los poderosos.

Todos los que, antes y después de Jesús, predicaron al pueblo de Israel ser los anunciados por los Profetas, designados por el Altísimo para establecer el reino de Dios en la tierra, tuvieron el mismo fin que le esperaba a él en su Sentencia.

Para un judío, y según la propia Ley mosaica que tanto defendió Cristo, el Nazareno, al proclamarse hijo de Dios, y Dios como Él mismo, estaba cometiendo blasfemia

Señala Vázquez Taín que, atendiendo modo en que se celebró el juicio y la postura que adoptó Jesús, con confesión incluida, no cabía otro castigo que la pena capital.

Algunos autores consideran que en el juicio penal de Jesús no se dictó una Sentencia en forma

En realidad, el proceso extraordinario no requería de una formalidad especial para el fallo y podría haberse limitado a un lacónico Ibis ad crucem Irás a la cruz»). 

En las penas infamantes —aquellas que llevaban consigo el escarnio público—, el motivo de la condena se escribía en una tabla blanqueada con cal que se colgaba al cuello del penado

Se realizaba así una labor de prevención contra futuras conductas similares, ya que se anunciaba a todos los que sintiesen esa tentación que «si delinquís, esto es lo que os espera». 

En el caso de Jesús, en los Evangelios se relata cómo el propio Poncio Pilato escribe en el letrero IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, o «Jesús el Nazareno, rey de los judíos»

Para que todos entendieran la razón de la crucifixión, el letrero estaba también en griego y en hebreo.

Según Vázquez Taín, si hubo un cartel en el que se hizo constar el crimen por el que se condenaba al reo, todo indica que hubo una Sentencia y una condena, pues no tiene sentido que se plasme por escrito un crimen si este no fue declarado, máxime cuando en aquella época se crucificaba a cientos de personas cada año sin juicio alguno y, por tanto, sin dejar constancia de sus crímenes.

Los griegos clásicos distinguían entre la Ley natural, o Themis, y la Ley escrita, o Nomos

La primera, dictada por los dioses, había regido Grecia desde los tiempos más remotos. Pero con el fin de impedir que los propios gobernantes pudieran contravenir sus preceptos, los legisladores (nomothétes) fueron fijando las normas naturales como disposiciones escritas

Las Leyes de los hombres se dictaban para temas concretos y en momentos concretos, y eran mutables.

El juicio comenzaba con la lectura de la denuncia por parte del Hegemón y, a continuación, cada parte pronunciaba su discurso

El tiempo estaba fijado en función de la complejidad del caso y se medía mediante una clepsidra, o reloj de agua. Las sesiones eran continuas y debían finalizar en una sola jornada.

Una vez acabado el debate, se efectuaba una primera votación y cada jurado depositaba su voto en un ánfora

Al principio fueron piedras blancas o negras, pero posteriormente se elaboraron piezas de bronce con la inscripción de «culpable» o «inocente» grabada en su superficie. 

En caso de empate, que podía producirse si algún jurado no votaba, el acusado era considerado inocente

Si al denunciado se le declaraba culpable, la Sentencia era inapelable y se producía un segundo debate para fijar la pena.

En Atenas, las Leyes no establecían un castigo concreto para cada crimen. El acusador proponía el que estimase conveniente, y el condenado, a su vez, debía plantear otro

Las penas iban desde la muerte, normalmente por envenenamiento, hasta el exilio o una simple multa

Cada parte debía sugerir, por tanto, la sanción que le pareciese adecuada y los Jueces tenían que escoger entre una de las dos, por lo que la elección podía producirse al descartar una, o bien por pequeña, o bien por excesiva.

Como no existía policía tal y como hoy la entendemos, un grupo conocido como «los once ciudadanos», pues tal era su número, era el responsable de garantizar que el acusado compareciese en el juicio.

Meleto, hijo de Meleto de Piteas, acusó y llevó a juicio a Sócrates, hijo de Sofronisco de Alopecia, por las siguientes ofensasno reconocer a las divinidades reconocidas por la ciudad y por dar a conocer nuevas divinidades. Además, se acusaba de corromper a la juventud. En el juicio, la acusación solicitó que se condenase Sócrates a la pena capital.

El alegato de Sócrates fue sorprendente: "Ah, atenienses, no es lo difícil evitar la muerte; lo es mucho más evitar la deshonra, que marcha más ligera que la muerte. Esta es la razón, por que, viejo y pesado como estoy, me he dejado llevar por la más pesada de las dos, la muerte; mientras que la más ligera, el crimen, está adherida a mis acusadores, que tienen vigor ligereza. Yo voy a sufrir la muerte, a la que me habéis condenado; pero ellos sufrirán la iniquidad y la infamia a que la verdad les condena. Con respecto a mí, me atengo a mi castigo, y ellos se atendrán al suyo.Pero ya es tiempo de que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir. Entre vosotros y yo, ¿quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios".

Nadie puede negar que, tras ser declarado culpableSócrates buscó intencionadamente la pena de muerte ofreciendo una propuesta de condena inaceptable por los jueces

Algunos sostienen que lo hizo por coherencia con su respeto a las leyes, pero para eso no era necesario provocar a los jurados pidiéndoles una renta a cargo del Estado

Lo cierto es que no resulta fácil entender qué era lo que pretendía, aunque ha de tenerse en cuenta que Sócrates  no podía pagar multa alguna y que habría necesitado la ayuda de sus discípulos, lo que habría supuesto una clara humillación ante sus enemigos

Y tampoco podía proponer el destierro, pues eso le habría supuesto un vagar sin término y sin oficio.

La ejecución de Sócrates se erigió para la Historia en un ritual de purificación de sus posibles faltas humanastrascendiendo únicamente sus virtudes intelectuales

En la Francia del siglo XIV, el juicio a la Orden del Temple se ajustó, desde el punto de vista jurídico,  a las propias normas de la Inquisición

Toda confesión, aun la obtenida bajo tortura, era válida para fundamentar una condena

Así que se emplearon a fondo para conseguir el mayor número de ellas, incluso a costa de matar a un alto porcentaje de detenidos

Después, solo había que neutralizar la reacción papal para evitar que los interrogatorios, aunque fuesen irregulares, se anulasen, lo que, en efecto, se consiguió

Cualquier templario que se arrepintiese de su confesión y se retractase incurriría en nueva herejía, por lo que sería considerado relapso y podría ser quemado de forma inmediata antes de que alguien saliese en su defensa.

Los animales han sido sometidos a juicio por todo tipo de crímenes, incluidos los políticos

Recuerda Vázquez Taín que, en plena Revolución francesa, cuando las tropas revolucionarias acudieron a apresar al Marqués de Saint-Prix, el mastín del noble galo se dejó llevar por sus instintos y defendió a su amo

El mastín fue juzgado junto con el Marqués por actividades antirrevolucionarias y condenado a su misma suerte: los dos fueron guillotinados.

Pone en duda Vázquez Taín que el juicio a Galileo a Galiliei llegase realmente a existir, y apunta que todo pudo haber sido una farsa.

Sostiene el autor que no puede hablarse de una lucha entre ciencia y fe, pues afirmar esto entraña ignorar intencionadamente un dato crucial: Galileo era profundamente creyente y nunca habría ido contra sus sentimientos religiosos.

Es más, Vázquez Taín  razona que afirmar que la Iglesia católica, desde su ignorancia, trató de frenar la luz del conocimiento implica olvidar que los científicos jesuitas tenían razón en la relación de las mareas con la rotación de la Luna y en la existencia de los cometas, frente a las teorías de Galileo.

Ningún científico llegó a afirmar con rotundidad la rotación de la Tierra hasta el péndulo de Foucault.

En cuanto al siglo XX, el autor apunta explica críticos con los juicios de Núremberg suelen enfocar sus ataques, o bien desde una ideología política contraria a las dos grandes potencias que protagonizaron el proceso (Estados Unidos y la Unión Soviética), o bien desde los conceptos jurídicos entendidos en sentido estricto.

Sea cual sea la perspectiva desde la que se analicen los procesos de Nuremberg, nunca se podrá negar el enorme esfuerzo realizado, especialmente por los Magistrados que formaron parte del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg.

Se trataba de dar una respuesta distinta a la simple venganza y, al mismo tiempo, de fijar con objetividad los hechos que habían acontecido durante el conflicto bélico.

Frente a los fusilamientos sumarios que algunos pretendían, los Magistrados optaron por unas condenas y absoluciones razonadas de la mejor manera posible, aun cuando no se compartan los criterios.

Frente a la mayoría de opinión pública, que esperaban la condena a muerte de todos los acusados, los Magistrados demostraron valentía absolviendo a tres acusados y no condenando a muerte a varios.

Pero Vázquez Taín también se muestra crítico con los juicios de Nueremberg y señala que el tribunal se quedó muy corto y perdió una magnífica oportunidad de sentar precedente como Tribunal Penal Internacional, ya que algunos hechos que se pusieron a debate por parte de la acusación deberían haber tenido una respuesta expresa en la Sentencia.

Todos los buenos propósitos con los que se creó el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg se desvanecieron en cuanto los intereses individuales de cada potencia se vieron en peligro.

Los proyectos para constituir una Corte Penal Internacional con competencias para juzgar crímenes de guerra se dejaron a un lado y no fue hasta 1998 cuando finalmente se creó, mediante la firma del Estatuto de Roma, aunque con la postura contraria de Estados Unidos, que desde entonces ha tratado de bloquear su funcionamiento, pues el Gobierno estadounidense no parece estar dispuesto a ver a ninguno de sus soldados sentado en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra.

Vázquez Taín cierra el libro analizando uno de los procesos más mediáticos del siglo XX, el juicio a OJ Simpson.

El 2 de octubre de 1995, el juicio más largo jamás celebrado en Estados Unidos llegaba a su fin.

Se calcula que el erario público se gastó más de dieciséis millones de dólares en este proceso, que mantuvo en vilo a más de cien  millones de personas

Tres horas después de retirarse a deliberar, el jurado ya había alcanzado un veredicto.

Sus ganas de acabar, tras casi ocho meses de reclusión, eran más que visibles. O. J. Simpson fue declarado no culpable.

Hasta cinco de los miembros del jurado, en entrevistas posteriores, reconocieron que creían que Simpson había cometido los crímenes, pero que la fiscalía no lo había probado.

Pese a las evidencias, una minoría oprimida tuvo la oportunidad de vengar los cientos de juicios en los que la mayoría blanca había impuesto su Ley.

Y lo hizo de la única forma en que se ejecutan las venganzas: imponiendo una injusticia para compensar otras injusticias

En mayo de 1997, los padres de Ronald Goldman –el hombre que, según el jurado, no había sido asesinado por Simpson-, presentaron una demanda civil contra O. J. Simpson para reclamarle los daños y perjuicios causados como autor de una muerte imprudente.

Al mes siguiente se les unió el padre de Nicole Brown. –la esposa de Simpson, que, según el jurado, no había sido asesinada por éste-.

Al no tratarse del mismo delito —el anterior había sido por asesinato— y ahora se trataba de un pleito civil y no penal, la demanda fue admitida a trámite.

El juicio se celebró en Santa Mónica. Se prohibió el acceso de las cámaras a su Sala de Vistas y, como se trataba de un proceso civil, Simpson no pudo ampararse en el derecho a no declarar contra si mismo y no confesarse culpable y se vio obligado a declarar.

Simpson no pudo explicar muchas de las evidencias que le incriminaban, como, por ejemplo, dónde se encontraba en el momento en el que se produjeron los asesinatos o cómo se había hecho el corte en el dedo.

Esta vez, los miembros del jurado, de acuerdo con el porcentaje de la población, fueron mayoritariamente blancos.

Los debates tuvieron un carácter técnico y se limitaron a tratar aspectos jurídicos de las evidencias, como su credibilidad o su falta de ella.

Muchas de las pruebas del proceso anterior volvieron a presentarse, otras se desecharon por no guardar relación con lo que se debatía, y solo alguna fue novedosa.

Los mismos hechos, lejos ya de las cámaras, pasado el espectáculo y con otro jurado, fueron suficientes para que por unanimidad se dictara un veredicto de culpabilidad.

Con este ensayo, Vázquez Taín demuestra que muchos de los principios fundamentales del Derecho que creemos eternos e inviolables realmente son fruto de la concepción social y de la doctrina de la época concreta en que se aplican

no quiere ello decir que sean más o menos acertados o correctos. Simplemente son el fruto de la sociedad y el Derecho de su tiempo

Publicado, en abril de 2018, por Espasa, el ensayo histórico-jurídico "Grandes Juicios de la Historia" tiene 384 páginas y puede ser adquirido por un precio de 19,90 euros.


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